domingo, 13 de octubre de 2013

¡De verdad, la vida sigue después de ese hombre!
Cómo volver a ser feliz y creer en el amor tras una ruptura dolorosa

Separarse de alguien a quien se ama es uno de los sentimientos más dolorosos que el ser humano puede experimentar. Es causa de sufrimiento y de un profundo pesar, pues significa perder el amor en sí, y el amor es la mejor forma de felicidad conocida por el hombre. Afrontar una ruptura amorosa es como aceptar una muerte, al fin y al cabo hay algo que se muere: el amor. Aceptar que ya nunca más podremos estar con esa persona, ser conscientes de que nos han abandonado y han preferido seguir haciendo camino sin nuestra compañía, es un hecho difícil y no merece menosprecio, al fin y al cabo cada relación marca nuestra vida para siempre, de una manera definitiva. Así empieza el camino de las lágrimas. A través de mi propia experiencia persona y profesional, aprendí lo mucho que puede llegar a afectar a una persona adulta un abandono o un rechazo. El dolor del rechazo puede alcanzar hasta lo más profundo del ser humano.  Así, conectándonos con lo doloroso. Porque así es como se entra en este sendero, con este peso, con esta carga. Y también con esta creencia irremediable: la supuesta conciencia de que no lo voy a soportar. Porque todos pensamos al comenzar este tramo que es insoportable. Todo el mundo necesita un tiempo de duelo antes de amar de nuevo tras una ruptura dolorosa .Todo depende de la persona, el tipo de relación mantenida y los recursos personales que puedan hacerse servir para olvidarle. Sea como sea, una ruptura es dolorosa e implica necesariamente que le demos espacio al olvido. ¿Qué es lo que agita nuestra estabilidad emocional hasta el punto de hacer lo que sea para que él vuelva? ¿Por qué no podemos superarlo sin más? Cuando somos abandonados por alguien de quien esperábamos amor, este efecto, combinado con la presente amenaza de abandono, puede generar una intensa sensación de pánico. Nuestra aptitud para razonar puede verse afectada hasta tal punto que todo lo que somos capaces de experimentar se reduce a ese terror a ser abandonadas, a sentirnos solas o rechazadas.
Estos sentimientos tan dolorosos pueden hacer que nos resistamos a aceptar que la relación se ha roto y nos aferremos a ella como nuestra única salvación. Un comportamiento así puede ejemplificarse con actividades que van desde la profusión compulsiva de llamadas telefónicas hasta el presentarse en su casa o lugar de trabajo sin previo aviso, o incluso el no dejar de escribirle cartas o e-mails aunque él no haya respondido a ninguno de nuestros intentos de contacto. El hecho de no querer llamar a nuestro ex de forma compulsiva o aferrarnos a él cuando sabemos que la relación se ha terminado puede servir para enmascarar o anestesiar nuestros sentimientos de soledad, sufrimiento y profundo dolor. Lo mismo se aplica a aquellas mujeres que se encuentran en una relación o amistad nuevas y temen no volver a saber nunca más de su pareja. Cuando empezamos a llamar compulsivamente a un hombre por miedo a que nos abandone, puede que experimentemos una subida de adrenalina al pensar en verle o simplemente en oír su voz, pero debemos ser conscientes de que esta subida es temporal. El verdadero camino hacia una libertad emocional es sentir el dolor de su ausencia y analizarlo y trabajarlo por nosotras mismas o con la ayuda de un especialista. Si existe alguna esperanza de que la relación pueda recuperarse, o lo que realmente queremos es mantenerla tal y como está, es importante recordar que una actitud desesperada y agobiante es motivo suficiente para que la mayoría de hombres se distancien todavía más.  Este tipo de comportamiento te hace aparecer como si te creyeras indigna de ser amada y estuvieras agradecida por el hecho de que cualquier hombre se hubiera fijado en ti.
Si un hombre tiene sus propias ideas acerca de lo que significa el compromiso, el que nosotras le agobiemos con nuestras continuas exigencias de que nos demuestre que no nos dejará, sólo puede hacer que se sienta coaccionado y sometido a mucha presión. Una actitud así, además, nos muestra emocionalmente deseosas, lo cual le hará sentirse con la eterna obligación de asegurar y demostrar el amor que tanto ansiamos, lo que no deja de ser un arduo trabajo para cualquiera.
Es natural que cueste enamorarse de una persona que constantemente nos bombardea con llamadas telefónicas. Una mujer desesperada no da ninguna oportunidad al hombre que ama para echarla de menos. Está tan al alcance de la mano que él no tiene motivos para suspirar por ella o fantasear acerca de su deseo por ella, lo cual, desafortunadamente, es en lo que suele consistir el enamoramiento.
Aferrarse desesperadamente a un hombre puede llevarnos a un ciclo vicioso. Cuanto más se distancia él, más nos aferramos nosotras, y cuanto más lejos, más desesperada es nuestra dependencia.
Incluso si somos conscientes de ello, la necesidad de permanecer a su lado suele ser irresistible. Aunque sabemos que nuestro comportamiento no es apropiado, no podemos evitar dejarnos llevar por un impulso que no podemos controlar, y realmente nos sentimos mal cuando actuamos así. Cuando una relación termina, o cuando nuestro hombre empieza a distanciarse o perder el interés por nosotras, nos enfrentamos a una situación de pérdida –incluso si se trata de una pérdida temporal-, y es necesario ser conscientes de los sentimientos que ésta despierta en nosotras. Puede que haya momentos en los que nos sintamos consumidas por la aflicción, temerosas de no poder recuperarnos jamás, pero si somos completamente conscientes de estos sentimientos, podremos superar el dolor y la tristeza que nos invaden. Debemos afrontarlos y conocerlos bien para que su intensidad disminuya hasta que, por fin, terminen desapareciendo. Una cosa sí debemos tener clara: no durarán para siempre.
El sufrimiento y la aflicción tienen su propio ritmo, y no podemos forzarlo. Es imposible decidir cuándo sufrir, y hemos de aceptar ese sentimiento cuando aparezca.

El factor más importante de cualquier forma de duelo es la capacidad de compartir nuestra historia con otras personas, ya sea un terapeuta, nuestro mejor amigo o nuestra madre. El hecho de contar y expresar lo que nos sucede nos ayuda a dejar de sentirnos solas o desamparadas para sentirnos apoyadas y comprendidas. A menudo, cuanto más hablamos de nuestros sentimientos, más nos distanciamos del dolor y el sufrimiento que éstos generan en nosotras.
La presencia de una persona compasiva y afectuosa con la que compartir nuestras penas y alegrías nos ayudará, sin duda, a recuperarnos de cualquier trauma o herida.
Para amar de nuevo sólo tienes que tener en cuenta que debes confiar en ti y en esa persona, es absurdo temer constantemente al amor, pues de esta manera sólo estarás prohibiendo a otras personas que te conozcan y por tanto, que sepan que eres una persona maravillosa.


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